
Estaba angustiada, sentía que tenía en mi interior un revoltijo de emociones, y lo peor, es que no eran buenas. Lo detallista me juega chueco algunas veces y lo exagerada lo empeora.
Busqué mi cajetilla y el encendedor, bajé al patio y me senté a recibir los pocos rayos de sol que pasaban entre las nubes, esperando que así me llenase de energía y se me pasara el frío que también sentía.
Encendí el cigarro, siempre me han encantado los click and roll desde que los descubrí. Siento que ese sabor típico a tabaco es demasiado amargo, sobre todo estando bajoneada, así que lo cambié a menta, para darle algo de frescura al momento... Y aspiré.
Trataba de imaginar que en cada exhalada de humo iba eliminando lo que me tenía mal, todos esos pensamientos absurdos que encontraron un momento apropiado para colarse en la situación y hacerme colapsar.
Miraba el cigarro mientras se consumía: "Vaya, parece que el Jose sí tenía la razón; los cigarros duran más en invierno". Y en ese momento me dieron ganas de estar en la playa o mejor aún en el Lago Llanquihue, sentada en la orilla de él, con mi mismo cigarro en los dedos y tal vez con el mismo frío que sentía. "Oh, que tranquilidad más grande...".
Continué con mi terapia de inhalar y exhalar el humo y eliminar los pensamientos innecesarios "Basta, simplemente. Todos tenemos distintas percepciones y apreciaciones de las cosas, al igual que la importancia que les damos. Deja de ser tan detallista y exagerada, mira todo en general...".
El cigarro se había acabado, corrió una brisa y pensé: "Sí, es un detalle, que tonta, al igual que el pasado, la vida y el presente son lo general, tranquila".
"Ya". Caminé a la cocina, era hora de comer al fin y luego de hacer algo productivo.
1 comentarios:
Yo no fumo.
Escribo y maldigo junto a una taza de cafe.
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